Hace poco leí un artículo en el que se hablaba de un concepto científico del que ya había oido hablar antes, pero nunca me habia parado a estudiarlo con más atención, la materia oscura. Esta materia, a diferencia de la materia convencional, no puede ser observada directamente, por lo tanto su presencia solo se deduce de los efectos que produce a su alrededor, como por ejemplo en como afecta la gravedad a galaxias, estrellas, etc.
Se calcula que dicha materia, junto con otro concepto igual de misterioso conocido como energía oscura, ocupa el 96% del universo, es decir, todo lo que podemos ver: estrellas, galaxias, planetas, nebulosas, etc… no representa mas que el 4% del “contenido” del universo. Si uno ya se siente pequeño cuando piensa en la inmensidad del cosmos, ahora el grado de humildad aumenta al pensar también en lo poco que sabemos y lo limitada que está nuestra percepción. Aunque esta teoría tiene más de 70 años y esta comunmente aceptada, aun no se han encontrado pruebas directas de la existencia de estos elementos, de cuya composición y comportamiento depende el equilibrio y el destino de todo lo que existe.
Es curioso que la forma en que los astrónomos y astrofísicos “ven” esta materia oscura es parecido a la forma en que muchos creyentes “ven” a Dios. No pueden verlo directamente, pero saben que él está ahi por como afecta a su alrededor, por como cambia sus vidas o las de los demás, por pequeños o grandes detalles, por momentos puntuales o por largas experiencias. Siempre me han llamado la atención este tipo de testimonios y siempre me ha costado entenderlos o aceptarlos, en especial los que se refieren a “milagros” o hechos supuestamente extraordinarios, pero creo que es un camino interesante para el que está buscando a Dios. Como la materia oscura, la propia naturaleza de Dios (o su propio deseo) hace inutil que intentemos verlo con nuestros propios ojos, ni demostrar que existe directamente, pero podemos estudiarlo por sus efectos sobre lo que si podemos ver, sobre nosotros, sobre los demás, sobre el universo, la naturaleza, la historia; si en estas cosas vemos a Dios, ahí tenemos una prueba concluyente, científica (en mi opinión), y un buen sitio por donde empezar.
Por otra parte, la complejidad creciente del universo y la naturaleza desde la perspectiva humana que este y otros descubrimientos confirman no hace mas que poner piedras en el camino de quien pretende ver en todo un “equilibrio casual”, a cada paso que damos nos encontramos con mecanismos cada vez mas intrincados y precisos que solo nos dejan dos caminos, o la casualidad mas increible, o la inteligencia mas asombrosa. Seamos sinceros, todo se puede o se podrá explicar sin contar con Dios, pero esa explicación cada vez parece mas inverosimil.
Tarde o temprano podremos ver la materia oscura, y su existencia sera probada sin lugar a la duda, pero a Dios no lo veremos hasta que el no decida mostrarse, y mientras tanto tendremos que seguir buscando sus huellas, como seguiremos buscando respuestas en el cielo oscuro, tratando de percibir lo que no podemos ver, ayudados de nuestra curiosidad y prevenidos de nuestra ignorancia.
“Lo más incomprensible del Universo, es que sea comprensible.” Albert Einstein.
“Porque no hay nada oculto que no haya de ser manifestado, ni secreto que no haya de descubrirse.” Marcos 4:22
